LA MÚSICA Y SU MUNDO

miércoles, 18 de febrero de 2015

Romeo y Julieta, Opus 64 de Sergei Prokófiev

                                                                Romeo y Julieta, Opus 64                                     
 Romeo y Julieta fue compuesto en la primavera y el verano de 1935. El estreno tuvo lugar en Brno, Checoslovaquia, en diciembre de 1938.
Cuando se le planteó a Prokófiev la composición de un ballet basado en la tragedia de Shakespeare. de los dos jóvenes amantes, el músico vaciló. No estaba seguro de que se pudiera traducir el contenido psi
cológico complejo del  drama a un medio sin palabras. Además, le preocupaba el hecho de que Romeo y Julieta ya había sido tema de óperas compuestas por 14 compositores diferentes y había servido como base para la obertura de Tchaikovsky y la sinfonía dramática de Berlioz. Trabajó en un posible escena
rio con el director de escena Sergei Radlov. Las notas de Prokófiev muestran que puso un inusual alto grado de atención a los detalles del argumento y de la interacción entre la acción en el escenario y la música.
Cuando los directores del ballet recibieron la música, la encontraron absolutamente distinta, diferente de cualquier otra con la que hubieran tratado previamente. La declararon imposible de bailar y cancela
ron su contrato con Prokófiev. Otra objeción que tuvieron fue con respecto a uno de los muchos cam
bios que Prokófiev había hecho en la historia: había sustituido el final conocido por un final feliz. Más tarde, el compositor explicó:
En el último acto, Romeo llega un minuto antes y encuentra a Julieta viva. La razón para tomarme tan bárbara libertad con la obra de Shakespeare fue puramente coreográfica: la gente viva puede bailar, pe
ro no se puede esperar que los moribundos dancen en la cama... Es interesante notar que, mientras que en Londres se limitaron a manifestar simplemente que Sergei Prokófiev estaba escribiendo un ballet de Romeo y Julieta con un final feliz", nuestros estudiosos de Shakespeare resultaron ser más papistas que el Papa y bramaron en defensa del maltratado Shakespeare. En realidad, yo me sentí afectado por otra cosa: alguien había hecho la observación de que, en el final, mi música no sonaba como "felicidad ver
dadera", y eso era cierto. Por lo tanto, después de discutir todo el problema con los coreógrafos, encon
tramos un modo de terminara según la obra original y he vuelto a escribir la música. 
Una vez que la compañía Bolshoi rechazó el ballet, Prokófiev arregló parte de la música como suites pa
ra conciertos, que fueron presentados con éxito considerable en Moscú en 1936 y 1937. Pero todavía na
die se animaba a emprender la puesta en escena de la danza. En 1937 se canceló un estreno propuesto en Leningrado. Finalmente, el ballet fue presentado en 1938, pero no en Rusia. Una compañía de Che
coslovaquia presentó la obra sin la participación de Prokófiev. Este estreno fuera de Rusia de una obra importante, encargada por un teatro ruso y compuesta por un compositor soviético destacado, fue una vergüenza nacional. Los rusos se apresuraron a montar el ballet. Leonid Lavrovsky hizo muchas suge
rencias de modificaciones, basadas en sus ideas respecto de la puesta en escena. Prokófiev se resistió a toda idea nueva. "He escrito la cantidad exacta de música que es necesaria. No voy a hacer nada más. Está hecha. La pieza está lista. Si desea producirla... allí está. Si no, entonces, no." Pero Lavrovsky pron
to aprendió cómo lidiar con el obcecado compositor. 
Prokófiev no había escrito ninguna música para danza en la primera escena, pero Lavrovsky quería dan
za, no solamente música, para presentar la historia. Cuando Prokófiev se negó rotundamente a escribir música adicional, el coreógrafo decidió utilizar un movimiento de una de las sonatas para piano del com
positor. Prokófiev lo descubrió sólo cuando lo escuchó en el ensayo. Enojado, se negó a orquestar la mú
sica. "Muy bien", replicó Lavrovsky, "¡Tendremos que tocarla en le piano y eso no le va a gustar!" Pro
kofiev abandonó en ensayo hecho una furia, pero finalmente se ablandó y orquestó la pieza.
El compositor también tuvo problemas con los bailarines, que tenían muy poca experiencia con la músi
ca del siglo XX. La bailarina que debía bailar la parte de Julieta explicó:
Simplemente no entendíamos su música. Nos sentíamos perturbados  por su extraña orquestación y las modificaciones frecuentes del ritmo, que hacían difícil bailar. No estábamos acostumbrados a esa músi
ca y le temíamos. Mientras ensayábamos el andante del primer acto, por ejemplo, os parecía que era me
jor entornarnos otras melodías para nosotros mismos, música más melodiosa, y crear así nuestras dan
zas para nuestra propia música. Pero, por supuesto, nadie se atrevía a decírselo directamente a Prokó
fiev. Era demasiado severo, de aspecto demasiado altanero y todas nuestras quejas eran transmitidas a través de Lavrovsky.
Las tensiones continuaron sumándose durante los ensayos. El compositor, cuyas experiencias anteriores con bailarines incluían el trabajo con la compañía de danza más importante del mundo -los Ballets Ru
sos de Serge Diaghilev en París- no podía creer la ingenuidad artística de la compañía de Kirov. A cier
ta altura, los bailarines no pudieron bailar porque no podían oír la orquesta. Prokófiev había orquestado de modo tenue cuando el dram parecía exigir semejante enfoque, pero los bailarines estaban acostum
brados a reaccionar ante los acentos fuertemente orquestados. El compositor se negaba a creer que no se oyera la orquesta. Finalmente le convencieron de que escuchara desde el fondo del escenario en vez de ubicado al frente del auditorio, y entonces comprendió que los instrumentos realmente sonaban de masiado bajo. Por fin aceptó cambiar parte de la orquestación.
A medida que se aproximaba la fecha del estreno, los bailarines se sentían cada vez menos cómodos con la música. Se pensó seriamente en la posibilidad de cancelar el estreno, peor finalmente este se llevó a cabo, a tiempo, el 19 de enero de 1940. Para sorpresa de los intérpretes, los músicos, el coreó grafo y el compositor, la obra tuvo un éxito enorme. Rápidamente quedó establecida como una pieza de importancia para el arte soviético y como la primera sucesora digna de los ballets de Tchaikovsky. Foto subida de Internet. 
De mi libro "Invitación a la Música" de Jonathan Kramer.   










                                                          Romeo y Julieta, Opus 64







                                              Romeo y Julieta, Opus 64 de Sergei Prokofiev
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            Sergei Prokofiev










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