LA MÚSICA Y SU MUNDO

sábado, 21 de septiembre de 2019

Concierto Número 2 en Sol menor para Piano y Orquesta, Opus 22 de Camille Saint-Saëns


          Concierto Número 2 en Sol menor para Piano y Orquesta, Opus 22 de Camille Saint-Saëns

Madre mía, no sabía que uno de los compositores, ídolo de mi infancia, fue un niño prodigio, Y más que Mozart. Pues a los 3 años ya escribió su primera composición. ¡Que pasada! Mis obras favoritas de él son Introducción al Rondó Caprichoso y Danza Macabra. Me encanta este compositor.
El Segundo Concierto para Piano fue compuesto durante la primavera de 1868. Anton Rubinstein diri
gjó el estreno, con Saint-Saëns al piano, en París, el 13 de mayo de 1868.
Saint-Saëns tuvo una  carrera extraordinariamente larga y productiva. Estuvo en activo como composi
tor durante 83 años. Escribió su primera composición, que se guarda en el Conservatorio de París a la edad de tres años, y siguió componiendo prácticamente sin cesar hasta el día de su muerte. Su carrera  como pianista fue igualmente impresionante. Empezó dando conciertos informales en su vecindario a la edad de cuatro años, dio su primer recital público a la edad de ocho y se mantuvo ágil y en activo como ejecutante hasta su último día(en el que practicó durante dos horas por la mañana antes de morir al anochecer).
Compuso incesantemente y sin esfuerzo. No tenía ningún problema por ejemplo, en escribir y orques
tar un oratorio gigantesco en el término de una semana.  Creó más de trescientas obras, muchas de ellas de grandes proporciones. Saint-Saëns también se dedicó intensamente a la arqueología, la  astro
nomía, la  botánica,la dirección orquestal, la musicología, la enseñanza, la poesía ,la filosofía y a escri
bir obras teatrales. Era una celebridad de fama mundial, que realizaba frecuentes giras de conciertos y era recibido en todas partes con gran entusiasmo y respeto. Ha sido uno de los pocos compositores vi
vos de todos los tiempos al que se erigieron estatuas y que tiene calles que llevan su nombre.
Saint-Saëns fue Corresponsal Prodigioso y, a menudo escribía hasta dos docenas de cartas por día. Co
noció a muchos de los más grandes músicos del  mundo de varias generaciones. Fue muy amigo de Rossini,Liszt y Berlioz, y vivió lo suficiente para llegar a conocer a  Stravinsky y Ravel.  Saint-Saëns
era un ateo sarcástico dotado de un ingenio mordaz, pero también era bastante generoso. Acumuló una fortuna considerable a lo largo de su espectacularmente exitosa carrera, frecuentemente daba di
nero en forma de"becas" para jóvenes compositores. Entre los músicos famosos que gozaron de su amistad se encuentra el pianista, director y compositor ruso Anton Rubinstein. Cuando ambos músi
cos se conocieron en 1858, Saint-Saëns impresionó a Rubinstein cuando leyó a primera vista, al pia
no, la enorme Sinfonía Océano de este último. A su vez, Rubinstein abrumó a su colega francés con su ejecución del piano. Tiempo más tarde, Saint-Saëns recordaba:
Sin más recursos que él mismo y un piano, Rubinstein ha llenado el enorme Théâtre de l'Eden, con palpitantes multitudes y lo ha colmado de vibraciones tan resonantes y graduales como las que hubie
ra producido una orquesta. Y cuando unió sus fuerzas a las de la orquesta misma ¡que papel extraordi
nario jugó el instrumento bajo sus dedos a través de ese mar de sonoridad! Se puede tener una idea de lo que fue si uno imagina el destello de un relámpago que atraviesa una nube oscura¡ Como hizo cantar al piano!¿Qué magia posee para dar a esos sonidos aterciopelados una duración prolongada que no tienen, que no pueden tener bajo los dedos de ningún otro?
Los dos amigos tocaron dúos juntos y colaboraron en algunos conciertos. Éramos muy amigos y fre
cuentemente tocábamos a dúo. Los pianos que hacían las veces de campo de batalla no lo pasaban bien y poco nos apiadábamos de los oídos de  nuestros oyentes. ¡Qué días aquellos! Hacíamos músi
ca simplemente por el placer que significaba y nunca teníamos suficiente...
Un año, él me pidió que me hiciera cargo de la orquesta en una serie de conciertos que planeaba dar.
Hasta  el momento, yo había dirigido poco y vacilé en asumir la tarea. Por fin, acepté y durante esos
ocho conciertos hice mi aprendizaje como director. En los ensayos, Rubinstein me entregaba partitu
ras manuscritas que había garrapateado, llenas de tachaduras, cortes y lo que parecían intrincados dia
gramas geométricos. Jamás pude persuadirle de que me permitiera ver la música de antemano: decía que le resultaba divertido ver como yo me las arreglaba con las dificultades! Además, cuando tocaba,
no le prestaba la menor atención a la  orquesta que le acompañaba, de manera que no tenía que seguir
le a su propio riesgo y, en ocasiones emanaba del  plano tal nube de sonoridad que yo ya no lograba distinguir nada y tenía que fijarme en los movimientos de sus dedos sobre el teclado a modo de guía.
Después de esa magnífica temporada, estábamos en uno de esos conciertos en la Salle Pleyel, cuando me dijo: "Todavía no he dirigido una orquesta en París.  Montemos un conciertos que me dé la oportu
nidad de tomar la batuta". "Encantado". Preguntamos cuándo estaría libre la Salle Pleyel y se nos dijo que tendríamos que esperar tres semanas. "Muy bien", dije yo, "en esas tres semanas escribiré un con
cierto para la ocasión." Y compuse el Concierto en Sol menor que, en consecuencia, fue estrenado con un patrocinio tan distinguido.
Saint-Saëns logró terminar el concierto  en el breve plazo asignado, pero no pudo aprenderse suficien
temente la parte para piano. "Toqué muy mal, y excepto por el Scherzo que fue un éxito inmediato, no anduvo bien. La opinión general era que la primera parte carecía de coherencia y el final era un completo fracaso." No obstante, con el tiempo la obra llegó a convertirse en el más popular y respeta
do de los cinco conciertos para piano de Saint-Saëns.
Posteriormente Rubinstein ejecutó el concierto como pianista. Este recordaba que "durante años me sirvió como caballito de batalla! Lo tiene todo: audacia y elegancia, deslumbrante brillo y tempera
mento ;además, es una buena música, aunque no exenta de una cierta banalidad".
Por fin, el compositor aprendió la parte para piano. En 1893 lo tocó en un concierto de la Filarmónica
de Londres donde compartió el programa con Tchaikovsky. Ambos compositores estaban Inglaterra para recibir títulos honorarios de la Universidad de Cambridge. Saint-Saëns oyó y le gustó la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky y los dos hombres pasaron la mayor parte del tiempo en un banquete dado en su honor, hablando de música.
En 1908, Saint-Saëns se convirtió en el primer compositor famoso que compuso música específica
mente para una película. Siempre interesado por lo nuevo, estaba fascinado por las películas y deseo
so por componer una suite de cámara para que se interpretara durante la proyección de El duque de Manners, de Charles Pathé. Muy pronto la producción de películas mudas se aceleró tanto que los compositores no tenían tiempo para crear música para las mismas, y con frecuencia era necesario uti
lizar música ya existente. El scherzo del Segundo Concierto a menudo acompañaba las comedias.
El concierto es una verdadera pieza de demostración de virtuosismo, como podía esperarse dela cola
boración de dos extraordinarios pianistas y compositores. También tiene una maravillosa frescura y es
pontaneidad, sin duda producto de la rapidez con la que fue compuesto. El virtuosismo se hace evi
dente de inmediato cuando el concierto comienza con una cadenza elaborada. A lo largo de gran parte
del primer movimiento, el piano ejecuta carrerillas deslumbrantes, arpegios y otras figuras que culmi
nan en una segunda cadenza. El virtuosismo está presente aun en el apagado interludio que sigue a es
ta cadenza, justo antes del final del movimiento.
El scherzo, maravillosamente melódico, está repleto de diestros toques de orquestación. Nótese en es
pecial el uso imaginativo de los timbales y el pasaje virtuoso acompañado por toda la sección de cuer
das que tocan en trémolo. La livianidad de este melodioso movimiento deslumbrante nos recuerda a los mejores scherzos de Mendelssohn.
El torbellino del final es un sorprendente tour de force del pianista. No es extraño que Saint-Saëns ha
ya tenido dificultades en aprender a ejecutar esta música en un plazo tan breve. El solista raramente tiene un respiro en lo que hace a las exigencias continuamente variadas de su técnica. Sin embargo ,la música jamás cae en el virtuosismo vacío. Es siempre delicioso, siempre elegante. Como lo expresa el biógrafo James Harding:" Los que critican a Saint-Saëns por su frivolidad, alguna vez deberían tra
tar de escribir música  tan etérea y tan segura como esta. No les resultará fácil. Foto subida de Inter
net.
De mi libro "Invitación a la Música" de Jonathan Kramer.





                                                                         
  Concierto Número 2 en Sol menor para Piano y Orquesta, Opus 22 de Camille Saint-Saëns



                                                                                 
                                                                        Camille Saint-Saëns
 
                                         





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