LA MÚSICA Y SU MUNDO

viernes, 4 de junio de 2021

Concierto Número 1 en Si bemol menor para Piano y Orquesta, Opus 23 de Tchaikovsky

                        Concierto Número 1 en Si bemol menor para Piano y Orquesta, Opus 23 
El Primer Concierto para Piano fue compuesto hacia finales del año 1874. Fue orquestado en enero de 
1875. La primera presentación estuvo a cargo de Hans von Bülow y la Orquesta Sinfónica de Boston, dirigida por Benjamin Johnson Lang, el 25 de octubre de 1875 en Boston. Tchaikovsky revisó al obra en 1876 y nuevamente en 1889. 
El primero de los tres conciertos para piano de Tchaikovsky ha adquirido enorme popularidad, ensom breciendo sus esfuerzos posteriores en ese género. El amigo de Tchaikovsky, Nicolai Rubinstein, pia  nista y director destacado, seguramente se hubiera sorprendido al enterarse de que esta obra estaba destinada a convertirse en el concierto para piano más popular del mundo. Rubinstein era un hombre poderoso en los círculos musicales de Rusia y era natural que Tchikovsky le mostrara el concierto. El compositor esperaba recibir algunas sugerencias prácticas acerca de lo escrito para el piano, puesto que él mismo no era un virtuoso y esperaba interesar a Rubinstein para que tocara la obra. El día de Noche buena de 1874, Tchaikovsky se encontró con Rubinstein y con el crítico Nicolai Hubert, con quien aquel compartía la vivienda, en el Conservatorio de Moscú. Tchaikovsky tocó el concierto al piano, ya terminado pero todavía sin orquestar. La reacción de Rubinstein fue extremadamente negativa y Tchai kovsky, que era muy sensible, se sintió profundamente insultado. Cuando describió el hecho tres años más tarde en una carta a su patrocinadora, Nadezhda von Meck, su ira y su herida seguían a flor de piel. Apenas lograba referirse a Rubinstein por su apellido, sino que lo denominaba R, R-ein, Nicolai Grigo rievich, N, G, o hasta Su Excelencia:
Toqué el primer movimiento. ¡Ni una palabra, ni una observación!... Oh, una palabra, un ataque amisto
so, pero por Dios, una palabra de de simpatía, aunque ni siquiera fuera de alabanza, Rubinstein estaba amasando su tormenta, y Hubert estaba esperando a ver lo que sucedería y si habría razón para unirse a un bando u otro. Sobre todo, yo no quería que se dictara sentencia en cuanto al aspecto artístico. Lo que nesitaba era observaciones acerca de la técnica para el piano virtuoso. El silencio elocuente de R. era de gran significancia. Parecía estar diciendo, "Mi amigo, ¿cómo puedo hablar de detalles cuando todo el asunto es antipático?" Me hice de paciencia y toqué hasta el final. Más silencio. Me puse de pie y pre
gunté,"¡Y bien?" Luego surgió un torrente de boca de Nicolai Grigorievich, suave al principio, luego más y más fuerte, hasta retumbar con el sonido de Júpiter... Resultó que mi concierto carecía absoluta
mente de valor y era inejecutable; los pasajes estaban tan fragmentado, eran tan torpes, estaban tan mal escritos que estaban más allá de toda posibilidad de recate; la obra en sí misma era mala, vulgar; en al
gunos lugares había plagiado a otros compositores; solamente dos o tres páginas eran dignas de ser con
servadas; el resto debe ser arrojado a la basura o reescrito completamente. "Aquí, por ejemplo, esto... ahora, ¿qué es eso?" (Hizo una caricatura de mi música en el piano.) "¿Y esto? Cómo puede alguien..."
Etcétera, etcétera. Lo principal que no puedo reproducir es el tono en que fue vertido todo esto. En una palabra, una persona desinteresada que estuviera en la habitación podría haber pensado que yo era un maniático, un peón sin sentido y sin talento que había venido a presentar su basura  a un músico eminen
te. Notando mi silencio obstinado, Hubert estaba atónito y espantado de que se estuviera dando un rapa
polvo   semejante a un hombre que ya había escrito bastante música y había dictado un curso de compo
sición libre en el conservatorio, de que se emitiera un juicio tan despectivo sobre él sin posibilidad de apelación, un juicio que uno no pronunciara con respecto a un alumno con el más mínimo talento que hubiera omitido hacer alguna de sus tareas... entonces comenzó a explicar el juicio de N.G., sin contra
decirlo en lo más mínimo sino apenas suavizando lo que su Excelencia había expresado con tan poca ce
remonia...
Abandoné la habitación sin una palabra y me dirigí escaleras arriba. En mi agitación y furia no pude de  cir absolutamente nada. Al poco tiempo R-ein se reunió conmigo y, viendo lo alterado que estaba me in
vitó a pasar a una de las habitaciones distantes. Allí repitió que mi concierto era imposible, señaló mu
chos lugares donde debería ser revisado completamente y dijo que si dentro de un tiempo limitado reela
boraba el concierto de acuerdo con sus exigencias, me haría el honor de tocar mi piececita en uno de sus conciertos. "¡Publicaré mi obra como está!" Y eso es lo que hice. 
Thaikovsky le dedicó la obra no a Rubinstein, como había planeado, sino al pianista y director alemán Hans von Bülow, que lo interpretó en una gira por Estados Unidos. Von Bülow le envió a a Tchaikovs
ky el que se cree que es el primer cable que se haya mandado desde Boston a Moscú, para informarle del gran éxito que había tenido su obra. 
Rubinstein era un músico sólido y se consideraba amigo de Tchaikovsky. Puede haber actuado estúpida
mente(aunque solamente tenemos el relato posiblemente exagerado del autor, respecto del incidente), pero sentía que sus críticas estaban justificadas. El hecho de que la obra sea o no vulgar sigue siendo una pregunta abierta. La obras de arte cuyo atractivo emocional es tan inmediato y evidente como en es
te concierto, seguramente habrán de ofender algunas sensibilidades, a la vez que animan y elevan otras.
La aserción de Rubinstein de que la obra estaba mal escrita para piano probablemente fuera cierta; el mismo Tchaikovsky revisó la obra dos veces, siguiendo las sugerencias de diversos pianistas con respec
to a la factibilidad y efectividad de la parte solista. La acusación de Rubinstein de que el compositor ha
bía plagiado a otros compositores es con toda seguridad infundada. La pieza es tan puramente tchaikovs
kiana como puede serlo, aunque hay varias canciones folclóricas utilizadas en la obra. Hay tonadas ucranianas en los movimientos externos y la sección central del segundo movimiento está basada en la 
canción francesa Il faut s'amuser, danser et rire("Hay que divertirse, danzar y reír"). Esta canción era la favorita de la cantante Désirée Artôt, con quien Tchaikovsky había querido casarse unos años antes. 
Rubinstein llegó a lamentar su crudeza y se disculpó con Tchaikovsky. Dirigió la primera representa
ción del concierto en Moscú y , en años posteriores ejecutó la obra con frecuencia como solista. Los dos hombres siguieron estando en buenos términos durante muchos años. 
Hay algo inusual acerca de la estructura de este concierto. Tal vez las críticas de Rubinstein se basaban en parte en su incapacidad para apreciar el carácter único de la estructura. Los musicólogos siguen hoy debatiendo la efectividad de la forma atípica del primer movimiento. Después del famoso comienzo dra
mático con el corno en la clave tónica de Si bemol menor, hay una sección introductoria larga basada en una melodía deliciosamente lírica en las cuerdas, acompañada por grandes acordes en el piano. Esta me
lodía es quizás la más más memorable de todo el concierto; ha sido popularizada innumerables veces en los últimos años. Lo que es desusado acerca de este movimiento es que su sección introductoria está es
crita en la tonalidad "equivocada" de Re bemol mayor y que la música es tan hermosa y atrapante que a duras penas parece funcionar como introducción. No conduce al cuerpo principal del movimiento, por
que es completa en sí misma. Por comparación, el material principal (introducido en el piano en grupos
rápidos de dos notas) parece pálido. Es verdad que el segundo tema lírico también es bello, pero no pasa nada en este movimiento que pueda rivalizar con la introducción. Esperamos que una música tan espe
cial vuelva, quizás, a lo grande en la coda. Pero nunca lo hace, no en este movimiento ni en ninguno de los movimientos posteriores. Queda como un magnífico recuerdo. 
¿Es este un problema de composición? El debate continúa y probablemente perdurará por siempre. No es una predestinación de los cielos que todas las melodías obligatoriamente deban ser recapituladas, ni es ley que todas las melodías hermosas deban ser oídas más de una vez. Es innegable que los oyentes deseamos escuchar nuevamente la música de la introducción, pero el verdadero criterio del éxito es de
terminar si lo que ocurre en realidad es de belleza suficiente como para mantener nuestro interés. Y por cierto que hay abundancia de música atractiva en este concierto. Es realmente injusto criticar la obra por el hecho de no ser igual a otras piezas. Es una expresión artística única y se la debe juzgar en sus propios términos. Independientemente de lo que piense cualquier oyente acerca de su éxito, queda un he
cho interesante: la melodía encantadora que la mayor parte de la gente identifica con el Concierto para Piano de Tchaikovsky es el tema introductorio, no una de las melodías principales que se desarrollan. 
Tanto el segundo movimiento( una combinación de movimiento lento y scherzo) como el tercer movi
miento, son bastante breves. Careciendo del desarrollo extenso del primer movimiento, están basados más en la alternación yuxtaposición que en la extensión y la transición. La duración conjunta de los mo
vimientos posteriores es considerablemente menor que la del movimiento inicial solo. 
El final es sostenidamente rítmico y excitante. El tema principal se asemeja a una danza y tiene algunas
ambigüedades deliciosas. Parece incapaz de decidir si su tiempo es 3/4 o 6/8 y en cualquiera de ambos casos, exactamente donde cae el primer tiempo del compás. Esta incertidumbre impregna el movimien
to y mantiene nuestro interés. Incluso el segunda tema lírico, otra de las melodías románticas hermosa
mente expansivas de la aparentemente infinita provisión de Tchaikovsky, a menudo parece deslizarse del 3/4 al 2/4. Foto subida de Internet. 
De mi libro "Invitación a la Música" de Jonathan Kramer. 
   






                                                                              
               Concierto Número 1 en Si bemol menor para Piano y Orquesta, Opus 23 de Tchaikovsky






                                                                                 
                                                                              Tchaikovsky

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