LA MÚSICA Y SU MUNDO

viernes, 7 de junio de 2019

Sinfonía Número 2 en Mi menor, Opus 27 de Rachmaninoff


                                                     Sinfonía Número 2 en Mi menor, Opus 27

La Segunda Sinfonía fue compuesta entre octubre de 1906 y abril de 1907 y orquestada en el otoño de 1907. . El compositor dirigió el estreno en San Petersburgo el 8 de febrero de 1908.
Más de una década separa las dos primeras sinfonías de Rachmaninoff. La razón es que el composi
tor consideraba La Primera Sinfonía un desastre y se sintió reacio a hacer un segundo intento en ese género. Cuando el compositor finalmente decidió, con algunas dudas, intentar nuevamente componer
una sinfonía, al principio no se lo dijo a nadie. En aquella época estaba viviendo en Dreden, lejos de las distracciones de su agitada carrera en Rusia. Cuando fue a visitarle su amigo Alexander Siloti, Rachmaninoff le confió que esraba trabajando en una sinfonía. Siloti, le invitó a dirigirla en San Pe
tersburgo y, sin esperar una respuesta, informó a la prensa del próximo estreno. Otro amigo le escri
bió desde San Petersburgo, preguntándole por la obra. Rachmaninoff explicó:
Hace un mes o más, realmente terminé una sinfonía, pero a esto debe agregarse la frase"en borrador preliminar".No la he anunciado"al mundo" porque primero quiero terminarla en su forma definitiva. Mientras estaba planeando la orquestación, la obra se me hizo terriblemente aburrida y repulsiva. Así
que la dejé a un lado y me dediqué a otra cosa. De manera que "el mundo" todavía no se hubiera ente
rado de mi obra, si no hubiera sido por Siloti, que vino aquí y me sonsacó las novedades de todo lo que había hecho y de todas las cosas que voy a hacer. Le dije que iba a componer una sinfonía. ¡Así es porlo que ya he recibido una invitación para dirigirla la próxima temporada!Y las noticias sobre es
ta sinfonía han corrido por todas partes. Puedo decirte sen privado que no estoy satisfecho con la pie
za.
Más tarde el compositor escribió a su amigo Nikita Morozov. "En cuanto a  la calidad  de estos (pro
yectos recientes), debo decirte que el  peor es la (Segunda) Sinfonía, doy mi solemne palabra:no más
sinfonías¡Maldita sean! No sé como escribirlas, pero principalmente, no quiero hacerlo"
A pesar de sus recelos sobre la Segunda Sinfonía y a pesar de su inseguridad como director, Rachma
ninoff estuvo de acuerdo en dirigir el estreno en San Petersburgo. También presentó la obra en Mos
cú, una semana más tarde, y luego en Varsovia. El público reaccionó con entusiasmo, como ha conti
nuado haciendo hasta nuestros días. El compositor quedó perpetuado como sinfonista.
El famoso director artur Nikisch, quien a menudo hizo apariciones como invitado en Rusia,estaba de
seoso de tocar la sinfonía. Como sucede algunas veces con los directores famosos, Nikisch dejó que su fama ocupara el lugar de trabajo diligente. Confiado en que la Orquesta de Moscú conocía la obra, pues Rachmaninoff ya había dirigido con ese conjunto. Nikisch se las arregló para dirigir el concier
to sin haber ensayado la obra en absoluto.¡De hecho, ni siquiera había mirado la partitura! Si Moscú
no hubiera escuchado antes la pieza bien tocada, esta desastrosa interpretación podría  haber condena
do la Segunda Sinfonía al mismo destino que había sufrido la Primera.
Después de estas primeras ejecuciones, Rachmaninoff revisó la obra para su publicación. La dedicó al compositor Sergei Taneyev. Algunos meses más tarde, Rachmaninoff encontró a Nikisch en Londres. El director preguntó; "¿Y cómo está mi (!) sinfonía?" El compositor contestó que iba a ser publicada. Nikisch, suponiendo que la obra le estaba dedicada, la programó en Berlín y en Leipzig. Cuando estu
vo disponible la partitura impresa, el director compró una copia, sólo para descubrir la página de la
portada estaba dedicada "a Taneyev".El arrogante Nikich de inmediato canceló las presentaciones en Alemania, aunque los programas ya estaban impresos. Rachmaninoff temió que este rechazo público de la sinfonía por otra parte de uno de los directores más destacados de Europa sería de mal agüero pa
ra el futuro de la obra. Sin embargo, para su sorpresa, pronto se le otorgó el prestigioso(y lucrativo) Premio Glinka.
A pesar de los recelos de Rachmaninoff y de la venganza de Nikisch, la Segunda Sinfonía se ha con
vertido en la obra puramente orquestal más apreciada de Rachmaninoff, sobrepasando de lejos en po
pularidad a sus otras dos sinfonias.
La Sinfonía es una obra grande, meditativa y romántica, más estrechamente relacionada con el siglo XIX que con el XX. A todo lo largo de ella la orquestación es profusa y apasionada, con considerable
actividad en las partes internas del contrapunto. denso. Una característica interesante es la frecuencia de notas sostenidas en el registro bajo. El resultado es armonías que cambian lentamente, lo que da a la sinfonía una cualidad grandiosa y monolítica por debajo de sus melodías y motivos variados.
Como muchas grandes sinfonías del siglo XIX, la Segunda de Rachmaninoff está impregnada por una figura única. Primero se la oye en la misma apertura a cargo de las cuerdas bajas. Su característica identificatoria es la alternacia de una nota y otra nota un paso más baja. Este máximo también está presente en el tema destacado de los violines, que  responden a la presentación inicial del motivo.
Las dos ideas de la apertura, que contienen ambas el motivo bajo, se desarrollan a lo largo de la am
plia introducción. Cuando finalmente llega el allegro, su tema de los violines contiene el motivo, co
mo lo hace el segundo tema lírico, uno de los resultados de la obsesión del primer movimiento con es
ta única figura es que favorece los motivos y su combinación por encima de las melodías acabadas.
Debemos esperar hasta los movimientos posteriores para escuchar la expresividad abrumadora del li
rismo de Rachmaninoff.
Las frecuentes oleadas ascendentes, que culminan en momentos de clímax en el primer movimiento, están equilibrados por el tema del corno de la apertura del segundo movimiento. Esta melodía de scherzzo tiene una forma esencialmente descendente, como la tiene su respuesta en los violines. Un segundo tema en las cuerdas(presentado y acompañado por nostálgicos arpegios del clarinete) propor
ciona la extensa línea melódica que está ausente en el primer movimiento. Al igual que el tema del  scherzzo, esta melodía desciende, al menos al principio. Cambia de dirección, sin embargo, cuando prepara el regreso del humor del scherzzo.
El espinoso tema del trío, un "perpetuum mobile" con las cuerdas de staccato, está tratado casi como fuga. Dos factores le impiden funcionar como una verdadera fuga; la repetición del motivo dentro del tema y el hecho de que las entradas siguientes están en la misma tonalidad. El scherzzo regresa des
púes de este breve interludio polifónico.
El movimiento lento comienza con una melodía de las cuerdas de elevada belleza romántica, un tema de amor que rivaliza en pasión con el de Romeo y Julieta de Tchaikovsky. Sólo después de cuatro compases, sin embargo, este tema da lugar a una larga melodía de clarinete, bella a su manera, pero carente del fervor emotivo de la primera melodía. Esta segunda melodía se traslada a las cuerdas en preparación de una nueva acometida de la melodía de la apertura. Nuevamente nos sentimos frustra
dos al oír sólo cuatro compases de esta música romántica en su quinta esencia. Esta vez es sustituida por una música más activa. La música se desarrolla gradualmente hacia un poderoso clímax. Es de ob
servar la actividad dentro de la sonoridad orquestal a medida que se aproxima el clímax. Después de una pausa, Rachmaninoff por fin proporciona lo que ael movimiento ha estado anhelando: un desarro
llo del tema de la apertura. Este tiene lugar primero en una serie de solos para corno, violín, corno in
glés, flauta, oboe y clarinete. El tema de amor reticente durante tanto tiempo, por último impregna la música-incluso mientras se recuerdan otros materiales- hasta el final del movimiento.
El expansivo final comienza vigorosamente pero pronto escuchamos una marcha fantasmagórica ba
sada en el motivo fundamental. Hay también una melodía líricamente romántica y una cita del exube
rante tema del movimiento lento. Después de lo último, una exposiciòn creciente de la melodía lírica del final, una coda breve pero excitada, termina la obra. Foto subida de Internet.
De mi libro "Invitación a la música" de Jonathan Kramer.




                                                                 







                                                                               

                                                                     Sergei Rachmaninoff

















No hay comentarios:

Publicar un comentario