LA MÚSICA Y SU MUNDO

viernes, 5 de febrero de 2016

Sinfonía Número 1 en Do menor, Opus 68 de Brahms


                                                       Sinfonía nº 1 en Do menor, Opus 68

La primera sinfonía quedó concluida en el mes de septiembre de 1876. Se estrenó el 4 de noviembre de 1876, en Karlsruhe, bajo la tabura de Félix Dessoff. El propio  Brahms dirigió una presentación en
Mannheim, tres días más tarde.
Cuando una composición producida por Brahms a los 20 años recibió una crítica de la prensa que re
presentaba una alabanza envidiable el autor se sintió complacido. El crítico era nada menos que el compositor Robert Schumann. Sin embargo, Schumann depositó una plesada carga sobre el joven compositor. Había una velada comparación con Beethoven. A Brahms, que todavía no había escrito nada para orquesta, se le estaba diciendo públicamente que podía, debía y, probablemente, emprende
ría el camino donde Beethoven lo había dejado.
Tan sólo unas pocas semanas después, Brahms aceptó el desafío. Empezó a componer una sinfonía en
Re menor. Pero todavía no estaba listo para abordar esa forma enorme en la que Beethoven  había so
bresalido. Algunas partes de esa sinfonía al final quedaron incluidas en el  Requiem Alemán, y otras, en el Concierto nº 1 para piano-una obra que le costó terminar a Brahms cinco años-pero no hay nin
guna sinfonía en Re menor en el catálogo de Brahms. Durante esos cin Lco años también escribió dos serenatas para pequeña orquesta. Había decidido abordar la Orquesta gradualmente. La composición de una Sinfonía debía esperar. Después de escribir para pequeña orquesta y para piano y orquesta, escribió para coro y orquesta. Finalmente, en 1873 compuso las Variaciones sobre un tema de Haydn.
Ahora, finalmente, se sentía listo para comenzar y terminar una sinfonía.
En realidad, alguno de los materiales de la Primera Sinfonía ya existían desde hacía años. Brahms ha
bía enviado a Clara Schumann un bosquejo del primer movimiento, menos su famosa introducción,en
1862, y le había remitido una canción para su cumpleaños, en 1868, usando el tema: del corno del fi
nal.
Pero fue tan recién en 1876 que el compositor terminó la Sinfonía en Do menor. Eso fue veintidos
años después de que la crítica de Schumann hubiera impulsado a Brahms a pensar en componer de forma sinfónica. ¿ `Por qué le llevó tanto tiempo terminar una sinfonía? La respuesta está en la in
fluencia de Beethoven. Como lo sugería la crítica de Schumann, la figura de Beethoven proyectó su sombra sobre todo el lsiglo XIX como la de un Hermano Mayor. Las composiciones de Beethoven fueron estudiadas,admiradas, mal entendidas, imitadas y canonizadas no sólo por todo compositor si
no también por otros artistas
El carácter titánico de Beethoven, su imagen de gran liberador del arte de las restricciónes del clasicis
mo, se convirtió en un grito de aliento para el espíritu libre u autoconsciente del romanticismo.
Esta visión de Beethoven con la mirada del siglo XIX  necesariamente estaba teñida por los valores contemporáneos. La mayoría de los compositores románticos no reconocieron el clasicismo de su mú
sica, un clasicismo propio que contrabalanceaba el aspecto feroz y temperamental del tenio de Beetho
ven. El único compositor que verdaderamente comprendió el equilibrio de lo clásico y lo romantico que se esconde en Beethoven fue Brahms. Brahms fue el sabio del proverbio que temía poner un pie en el lugar donde los necios se precipitan. El supo lo que otros fuoeron incapaces de comprender: que
escribir una sinfonía de espíritu libre no constituía una respuesta profunda a las implicaciones de la música de Beethoven. Brahms no se permitió hacer una imitación superficial del maestro de Bonn. Le
 llevó 22 años a Brahms encontrar un modo de menejar las implicaciones de su antecesor de mantener
en equilibrio el clasicismo y el romanticismo y, sin embargo, ser original.
Cuando se estrenó la Sinfonía en Do menor, el director Hans von Bülow la apodó " La Décima"(Bee
thoven había terminado nueve sinfonías), declarando de este modo cumplida la profecía de Schu
mann. Bulöw reconoció la afinidad entre los dos grandes compositores que alcanzándose por encima del medio siglo de romanticismo que mediaba entre ambos, hicieron contacto como clasicistas román
ticos.
Brahms también se vio influido por los compositores románticos, Schubert, Mendelssohn, Berlioz, Chopin, Weber, Schumann e incluso por sus "rivales" Wagner, Liszt y Bruckner. Uno de los resulta
dos de esta influencia romántica fue que el clasicismo de Brahms. Brahms resultó más autoconsciente que el de Beethoven. La Primera Sinfonía elabora una lógica musical compacta que en ningún mo
mento es totalmente espontánea. Brahms era demasiado auto crítico para ser espontáneo. Otro aspec
to del romanticismo que no podía dejar de tocar a Brahms fue su meditativa melancolía. Así  que la primera sinfonía contiene música desasosegada, especialmente en su primer movimiento. Brahms in
tentaba una tarea casi imposible, la de estar a la altura del genio de Beethoven. En 1879 dijo: "¡Nunca
compondré una sinfonía! No tienen idea de cómo nos sentimos las personas como nosotros, cuando oímos los pasos de un gigante como él detrás de nosotros". Sin embargo, él lo logro. No recobró a Beethoven, sino que, tratando de hacerlo, se encontró a sí mismo. Ni la lealtad de Brahms al espíritu
de Beethoven ni su autoimpuesto clasicismo deben ser considerados como una inhibición de su creati
vidad. La primera Sinfonía es, en muchos aspectos, una obra original, a pesar de su adhesión a la esté
tica y a las técnicas tradicionales. Consideramos, por ejemplo, el tercer movimiento. Brahms sustitu
yó el movimiento de danza tradicional por un intermezzo más abstracto. El minué o scherzo como ter
cer movimiento sinfónico era un aplazamiento de la suite de danzas barrocas. En una sinfonía sirve a un propósito útil: por lo general se ejecuta como una pieza más ligera y más simple entre un movi
miento lento posiblemente sobrio y un final a menudo elaborado. Esta fiunción también podía ser de
sempeñada por movimientos que no derivarán de la danza, como Brahms se dio cuenta. Así que la susttitución del minué de Haydn y del Scherzo de Beethoven  por el el intermezzo de Brahms fue un toque de originalidad que nada debía al pasado. El resultado fue lo suficientemente satisfactorio e inte
resante como para que Brahms continuara incluyendo intermezzos en lugar de Scherzos en práctica
mente todos sus trabajos sinfónicos de cuatro movimientos posteriores.
La introducción al final, excepcionalmente larga,tan larga como todo el intermezzo, es otra idea origi
nal. Esta introducción contiene material que se utiliza en diferentes partes del final que la sigue: inclu
so la melodía lírica en Do mayor que abre el allegro está anunciada ( en menor) cerca del principio de la introducción. Esta introducción también desmiente la queja que se oye comunmente , en el sentido de ue Brahms no fue un orquestador imaginativo. Aquí encontramos al compositor utilizando colores
orquestales particularmente bellos destinados a mantener el interés en una sección introductoria pro
longada. Algunos ejemplos: el pasaje de pizzicato que se acelera gradualmente y que se escucha dos veces, la llamada del corno con cuerdas en sordina que se reflejan en el fondo y el coral trombón-fa
got. Brahms era sin duda capaz de crear una orquestación colorida cuando la ocasión lo exigía.
A Brahms le llevó 22 años aprender la forma de utilizar la orquesta de modo sinfónico . No puede pensarse que esa haya sido una etapa de aprendizaje, si tenemos en cuenta la larga lista de hermosas
obras compuestas mientras luchaba por crear una sinfonía. Durante esos 22 años trabajó para dominar
y controlar su romanticismo, para fundir la inspiración y el intelecto, para comprender a Beethoven profundamente y para moldear sus propios pensamientos sinfónicos. El resultado de esta lucha increi
ble para lograr autodisciplina es, la más grande primera sinfonía jamás compuesta.
De mi libro" Invitación a la música" de Jonathan Kramer. Foto subida de Internet.





                                                                           

                                         Sinfonía Número 1 en Do menor, Opus 68 de Brahms











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                                                                          Brahms                            

                                                                     
















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